Ocultar mostrando

II.BIENAL DE VALENCIA -." LA CIUDAD IDEAL"

LA CIUDAD IDEAL de la II BIENAL DE VALENCIA no es otra cosa que una operación de propaganda. Recurriendo a la estrategia mediática de "ocultar mostrando", la serie de exposiciones e intervenciones urbanas que componen el proyecto tienen en realidad otra función: utilizar el arte como un instrumento que enmascare el criterio habitual de intervención urbana de la Conselleria de Cultura. El rédito institucional de esta bienal es una limpieza de imagen respecto a la actividad real ejercida en la deshumanización de la ciudad.
Se trata de hacer olvidar que los promotores de este evento, amparándose en criterios de política económica y turismo, son responsables de la devastación del centro histórico, de su memoria y su tejido social y urbano, su historia, el patrimonio y el espacio público. Y de poner la ciudad y la cultura al servicio de la especulación inmobiliaria, desde la lógica de la ciudad como un sistema de consumo para el ocio y el turismo y de exclusión para los habitantes. Además, y de paso, con La Ciudad Ideal se agotan y monopolizan de forma acrítica las palabras y acciones destinadas a este debate.

Planteada esta bienal como una mera estetización del conflicto, concebido desde una hipotética autonomía del arte como bien supremo y trascendente, y desde un exhibicionismo autocomplaciente y una colaboración pasiva, se pretende hacer de la ciudad un museo temporal o un decorado, que busca imponerse en el dominio público y donde la creatividad se muestra irrelevante para el espacio urbano. Mientras, quedan al margen intervenciones estéticas o teórica que cuestionen realmente la problemática urbana. El arte así "donado" desde el poder y elaborado con una retórica adulatoria y ensimismada deviene en una falsificación que supone solo un momento más de la exhibición técnica de un imaginario elitista, al servicio de la esfera mediática.

La "Ciudad ideal" solo aborda la cuestión urbana para convertirla en objeto de consumo cultural; actuando como si la intervención en la ciudad pudiera considerarse un universal incondicionado, demuestra una renuncia escandalosa a la concreción y al debate de los problemas urbanos, a la espera de que el arte actúe, no como memoria, si no como amnesia colectiva.

La cultura no puede construirse desde un monopolio oficial de ideas estéticas dictadas en fechas puntuales, una cultura democrática cuando aborda un problema semejante(la ciudad ideal) debe hacerlo crítica y cotidianamente, promoviendo el diálogo y procurando que en la experiencia participen los sectores sociales implicados, y no solo como espectadores de esta, si no en la medida de lo posible, en la construcción real de esa experiencia, ejerciendo el derecho a participar en la cultura, porque la democracia no es solo una técnica de gobierno si no una práctica de construcción del sujeto social.