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Música

Las provincias, 20.02.11

Lorin Maazel camina por los pasillos del Palau de les Arts con aire meditabundo, pausado. Y no es por que cumplirá 81 años dentro de un par de semanas, ni porque lleva varios días de intensos ensayos para afinar al máximo su '1984', su ópera, su último trabajo y última aparición como director musical del coliseo valenciano a lo largo de cinco representaciones (23 y 26 febrero; 1, 4 y 6 marzo). Los que le tratan aseguran que es habitual en él ese deambular caviloso. El talento camina sin prisas. Quizá por la seguridad de llegar a buen puerto. El director estadounidense lleva haciéndolo desde los siete años, cuando cogió una batuta para recibir su primera clase de dirección de orquesta. Siete décadas más tarde no renuncia a nada, contempla el futuro con una agenda repleta de citas musicales en Alemania, Estados Unidos, Japón o China. Lugares todos ellos muy alejados del Palau de les Arts, el recinto al que llegó hace cinco temporadas para crear y poner en marcha una orquesta, la de la Comunitat Valenciana, que se ha convertido en una de las mejores de Europa, trabajo del que se reconoce muy orgulloso.


Su Su satisfacción no le impide criticar con una sutil diplomacia aquello que le disgusta. Su mirada y su actitud imponen. A pesar de que no disimula que buena parte de sus pensamientos están en otra parte, quizá en los ensayos de '1984', es de risa fácil. Está acostumbrado a manejar los 'tempos' a su antojo. Administra con naturalidad drama y comedia, seriedad y buen humor, a lo largo de una conversación durante la cual hace balance de su estancia en el Palau de les Arts, asumiendo las luces y las sombras que albergan todos los proyectos de las dimensiones alcanzadas por el coliseo operístico valenciano.

-¿Cómo van los ensayos de '1984'? -Muy bien. La orquesta está realmente a la altura. Es la tercera vez que se presenta esta ópera. La primera fue en Londres y después en Milán, y puedo decir que tengo la sensación de que esta interpretación será igual de buena o mejor. Los coros, tanto el mixto como el infantil, están trabajando muy bien. Hay algunos cambios respecto al reparto original, pero los cantantes han sido muy bien elegidos y si se produce algún error, algo que no va, será por mi culpa.

-En el año 2000, cuando preparaba '1984', auguró que el mundo caminaba hacia la catástrofre novelada por Orwell. ¿El tiempo le está dando la razón? -Desgraciadamente, desde que escribí esta opera a la actualidad las cosas no han mejorado, sino que han ido a peor. Desde el punto de vista de la tecnología, especialmente respecto a la nanotecnología, la relación entre el ser humano y su entorno es aún peor. La situación ha empeorado de tal manera respecto a cuando comencé a escribir esta ópera, en 1998, y también frente al momento en que se estrenó, hace cinco años, que me he visto obligado a añadir varias precisiones al programa original, he tenido que revisar aquel texto.

-¿Ha elegido usted la coincidencia entre la fecha de su 81 cumpleaños y su última dirección en el Palau, el 6 de marzo? -Es una situación totalmente casual sobre la que no he pensado ahora. Estoy con los ensayos y eso ocupa toda mi atención. Sí que reflexionaré sobre esto a partir de que la última nota de la ópera deje de sonar, o probablemente a partir del 7 de marzo, a ver qué conclusiones saco de tanta coincidencia.

-Es su última cita con el Palau de les Arts como director de su orquesta. Usted dio a luz a la formación y fue testigo del nacimiento de este recinto operístico. ¿Qué balance realiza de su estancia? -En primer lugar, por lo que respecta a la orquesta, a pesar de que varios músicos se fueron, no muchos, y tuvimos que sustituirlos y reestructurar la formación, estoy muy orgulloso de crear la orquesta eligiendo cada músico. Creo que es la primera vez en la historia de la ópera que el director de una orquesta selecciona uno a uno a los miembros de la formación. Estoy muy orgulloso, después de cinco años, del trabajo que yo he podido hacer con la orquesta. Desgraciadamente, luego llegó la crisis. Hay que afrontar la realidad. La crisis afecta no sólo al Palau sino a todos los teatros operísticos. Quizás el problema es que nadie se ha atrevido a decir en voz alta lo que podía haberse hecho para solucionar las cosas. Por ejemplo: ahorrarse lo que cuesta fabricar un avión militar permitiría sufragar todas las representaciones operísticas de Europa. Uno, un avión. Se ha producido un descenso en las subvenciones, recortes provenientes de las autoridades políticas, lo que reduce las posibilidades y capacidades del Palau. No sé si el avión reporta votos o apoyos políticos, pero la cultura sí aporta cosas. La cultura es el alimento del alma, de la inteligencia humana.

-¿Ha conseguido hacer lo que quería hacer en el Palau? -Sí. -¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de su estancia en Valencia? -Entre lo mejor, me quedo con la extraordinaria puesta en escena de 'Madame Butterfly', por su gran calidad. Lo peor fue la inundación. Nos quedamos prácticamente sin escenario, tan sólo un pequeño espacio, mínimo. Fue durísimo. Por un momento creímos que no podríamos sobrellevar todo aquello y representar 'Don Giovanni'. Un problema muy duro a causa de una situación ante la que no podíamos hacer nada.

-¿La orquesta ha alcanzado el nivel que usted quería ofrecer? -Sí. El nivel de la orquesta es extraordinario, a la altura de lo máximo. Estoy orgulloso de haber podido presentar a mis compañeros de profesión una orquesta de tanta calidad, a lo que los músicos han contribuido de manera sobresaliente, lo que me ha permitido recibir muchas felicitaciones de los grandes directores que han entrado en contacto con ella.

-¿Cuál es la repercusión internacional del Palau de les Arts? -Hay que decir que toda la labor que se hace aquí, no sólo la orquesta, es bien conocida fuera de España. El Palau es reconocido como uno de los mejores recintos operísticos de Europa. La música, las puestas en escena, los conciertos, las óperas... En Estados Unidos ya se considera al Palau como el 'new player', uno de los grandes protagonistas del circuito operístico mundial, el nuevo gran jugador sobre la mesa de las mejores óperas. Eso es gracias no sólo a mi esfuerzo, sino a que hemos podido hacer aquí espectáculos de un nivel muy alto. Desgraciadamente, ha llegado la crisis y se está recortando el presupuesto, recortando, recortando...

-¿Los recortes ponen en riesgo el proyecto operísitico del Palau? -No conozco los datos financieros del Palau de les Arts al detalle. Pero sí sé que hace un año me pidieron que redujera mi salario, cosa que acepté por una cantidad bastante considerable. Rebajé mi caché. Era una medida que pretendía servir de ejemplo para mis colegas, para que también asumieran una rebaja, pero lamentablemente esa medida no se entendió bien por parte de los políticos. Debería haber tenido mayor repercusión. Se hizo un gran sacrificio, pero los políticos no respondieron con un esfuerzo, deberían haber entendido con ese gesto que ellos debían hacer también un esfuerzo en favor del Palau, que ha sufrido muchos recortes. Los seres humanos no pueden vivir día a día levantándose comiendo, trabajando y acostándose. Deben recibir estímulos para su alma, tener la posibilidad de haber visto, escuchado o aprendido alguna cosa interesante. Los políticos deberían convencer a sus votantes de la necesidad de ayudar a las artes para conseguir, de esta manera, que las cosas funcionen mejor, ya que, al fin y al cabo, lo que queremos todos es ser más felices.

-¿Deja usted la Orquesta de la Comunitat en buenas manos, en las manos de Omer Wellber? -Eso es algo sobre lo que no puedo opinar porque yo no conozco a mi sucesor, ni siquiera he asistido nunca a ningún concierto suyo. Espero que le vaya muy bien, naturalmente, pero, en cualquier caso, no es mi elección.

-Cuando una personalidad de su talla dice adiós, la rumorología se dispara. ¿Cómo ha evolucionado su relación con la intendente del Palau, Helga Schmidt? -Yo soy el director musical y ella se encarga de la gestión administrativa y de la dirección artística. Nuestra relación, efectivamente, se ve condicionada por la necesidad de que en momentos determinados hay tomar decisiones muy difíciles, pero siempre hemos llegado a un consenso, y la prueba es que he estado aquí cinco temporadas. -¿Volverá al Palau? -Me gustaría venir en alguna ocasión, pero tengo problemas de agenda. A partir de 2012 asumo la dirección de la Filarmónica de Munich. Estaré allí más de tres meses al año. Soy director invitado en Nueva York, Japón y China, y tengo que atender la dirección administrativa y musical del festival de Castleton, con el que viajo por todo el mundo. Ojalá, pero será difícil que pueda encontrar un hueco en el plazo de tres años.

-Tenía usted intención de retomar su vocación de escribir a partir de 2012. ¿Mantiene esa idea o lo deja para cuando sea mayor? -Una persona que ha viajado y ha vivido tantas cosas como yo tiene dos posibilidades, un dilema. O cuenta todo diciendo la verdad, y entonces mucha gente me odiaría; o cuenta las cosas sin mentir pero de manera sombría y, por tanto, con falta de interés. Aún no he resuelto el dilema, y por eso prefiero guardar silencio.

-¿Hay algún proyecto profesional que se le haya resistido, pero al que no renuncie? -Sí hay algo. Escribir, pero no una novela, sino una obra de teatro. Siento predilección por el teatro. Me emociona su capacidad de expresar todo lo que sienten los seres humanos. Soy un fanático, me encanta y es una pasión que quizá me viene de mi padre, que fue actor. Me gustaría escribir una obra. Algún día. Si Napoleón pudo escribir teatro, ¿por qué yo no?


Domingo, 20 Febrero, 2011   Enviar esta historia a un amigo  Versión imprimible  

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Comentarios

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Maazel estrena en el Palau de les Arts su ópera '1984'
por smadmin
en 20 feb, 2011
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