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GeneralPor Clara Riveros Sosa // 07 de enero de 2012

¿Jorge Coscia sabe de esto?¿Qué opina la Se cretaria de Cultura de la Nación? ¿Otro robo como la Piedra Kueka de Venezuela? Las instituciones tienen responsabilidades y decisiones. Los ciudadanos también. ¿Podemos permitir esta forma de saqueo cultural? No son toneladas de hierro, son gramos esenciales de nuestra identidad.

El cielo produjo una lluvia violenta como ninguna, luminosa y terrible, quizás estruendosa, rugiente, que sacudió a la Tierra. De poder mantenerse a salvo durante esa gigantesca pedrea sideral, los científicos actuales -y toda una humanidad asombrada junto a ellos- hubiesen hecho cualquier sacrificio con tal de presenciar un hecho tan conmocionante como extraordinario que encendió el cielo e hizo arder los bosques. Pero ocurrió hace alrededor de cuatro mil años y sólo algunos aborígenes vivieron la aterradora experiencia y supieron conservar por largos siglos su chispa encendida en la memoria de las generaciones siguientes.


Para evocación e información permanente del fenómeno, muchas de esas rocas celestiales se conservan en sus cráteres de caída, en la zona de imprecisos contornos que el pueblo mocoví llamó Piguem Noraltá, los qom Piguem N´onaxá, Hatum Pampa en quichua, todas denominaciones que ofrecen una misma traducción al castellano que es origen de la toponimia actual: Campo del Cielo. Muchos también -demasiados meteoritos- fueron arrancados de los milenarios huecos que supieron labrar y, en una cantidad que excede los declarados propósitos de estudio, de exhibición, o de ambas cosas, y esta vez ya no por fuerza de la ley de gravedad, partieron sin retorno hacia lugares extranjeros, sumamente distantes de éste, su particular puerto de llegada a la Tierra. Y esto sin contar cuántos han sido y aun son objeto de la depredación por codicia traficante o por curiosidad trivial.

Más allá de los cortes que se les practiquen a estas piezas astrales para averiguar la estructura y composición de su interior, más allá de todos los estudios de laboratorio, es allí, en sus lugares de caída, donde pueden investigarse las características de los impactos que provocaron, la velocidad que llevaban, sus ángulos de entrada, y tantas cosas más que los científicos pueden estimar in situ. Tan importante como esto es que un acontecimiento de semejante magnitud, si bien era algo frecuente y aun en mayor escala en remotas y violentas eras geológicas, fueron y son muchísimos menos los registrados durante la existencia de la humanidad en el planeta. Si recordamos que en la mayor parte de las entradas de meteoros a la atmósfera terrestre éstos se fragmentan en partículas y hasta se pulverizan, los de Campo del Cielo, por su composición metálica pudieron ingresar, colisionar sin mayor deterioro y generar un suceso muy infrecuente y, envuelta en un halo de prodigio, una presencia perdurable, si tenemos la inteligencia necesaria para preservarla.La presencia de un meteorito expuesto al público en un lugar apartado de su locación original, puede suscitar un interés momentáneo que será inmediatamente desplazado por otras piezas, objetos o circunstancias de ese entorno que le es completamente ajeno. Así, descontextualizado, resulta tan poco representativo como sería la solitaria exhibición de una rama de árbol como ejemplo de lo que en verdad es la selva amazónica. O un ejemplo más duro: ¿se puede entender qué es la humanidad por medio de las exposiciones del artista (¿?) alemán Gunther von Hagens- por otra parte muy exitosa- consistente en la exhibición escenografiada de auténticos cadáveres y órganos humanos?

Quizás las últimas apreciaciones puedan parecer excesivas pero hay que tener en cuenta que en el más que controvertido caso actual del traslado y futura exhibición en Alemania del meteorito El Chaco, entran a jugar muchas otras cuestiones sumamente delicadas y muy superiores a su supuesta y mera "efectividad" cualquiera que ésta sea (económica, publicitaria, artística, etc.).La existencia de toda una zona de colisión de numerosos cuerpos celestes de estas características le da a nuestro Campo del Cielo una relevancia única y le crea una atmósfera particular impregnada, además del lógico interés científico, de inevitables resonancias místicas ¡Ha sido el lugar de choque y entrada en la Tierra de elementos del cielo! Los pueblos aborígenes lo tuvieron por lugar de veneración y entendieron aquel acontecimiento como una grandiosa fertilización de la Tierra por el Cosmos y algunos estudiosos piensan que fue en señal de respeto que el área se mantuvo deshabitada. Creamos o descreamos de estas concepciones, no cabe duda que la creciente desacralización de la vida y de la naturaleza, contribuyen de manera extrema a su destrucción. Ya no hay Némesis que castigue fieramente a los que devastan los bosques sagrados, ni Llajtay ni Coquena, ni Caá Pora que vuelvan idiotas (¿o sí?) a quienes maten sin su permiso y sin necesidad a los animales silvestres, ni a los que envenenen el agua. Ese papel lo hemos tomado nosotros mismos, sin darnos cuenta de ello hasta que se desplome sobre nuestras cabezas el techo verde que golpeamos y rompemos sin cesar para vender sus pedazos.Vienen estas reflexiones a cuento de la decisión gubernamental de disponer del meteorito El Chaco, que es el segundo en peso y tamaño de los que se han encontrado en el mundo (1), para enviarlo a una muestra en Alemania donde será "intervenido" por dos artistas plásticos, actividad que por muy artística que fuere no amerita el mover a través del mundo este tesoro sideral, grande pero extremadamente vulnerable y valioso, no sólo en sentido mercantil. Dichos artistas plásticos tienen derecho a alimentar sus caprichos (y vanidades) creativas, pero eso no les otorgará jamás la posibilidad de conseguir para otro proyecto parecido el préstamo de La Gioconda, del Guernica de Picasso, de una cotizadísima obra de Van Gogh encerrada en las profundidades de un banco suizo, ni siquiera de la antorcha de la estatua de la Libertad del puerto de Nueva York. Convengamos que ésta es una afirmación a medias, mientras no intervengan "decisores" que participen del dislate y comunidades que lo acepten.Por desvalorizar lo propio no alcanzamos a comprender que estos meteoritos representan tanto o más como en otros lugares unas antiguas pirámides, un enorme glaciar como el Perito Moreno, una montaña tan alta como el Aconcagua y cuya movilidad no se negocia (salvo lo que desastrosamente se hace con otros glaciares y cuencas por acción de la minería). Es más, todos nos sentimos aliviados cuando se determinó por ley la creación de un área protegida en parte del legendario Piguén Noraltá y se estableció que este regalo del cielo quedaba a salvo al declarárselo monumento natural, patrimonio cultural y bien de dominio público intangible, todo lo cual garantizaría que no sólo estaría celosamente cuidado sino que nada de él saldría de la provincia ¡se trata de un bien común! Pero no ha ocurrido así.La noticia del traslado de El Chaco también genera otra profunda inquietud: si oficialmente se declara que se cumplirán puntualmente las leyes y, después, la mejor forma de obtener lo que se quiere, a contrapelo de esas mismas leyes, es promulgar otras que den curso libre a las nuevas intenciones, ya no los cuerpos celestes ni ninguna otra parte de nuestro patrimonio, sino nosotros mismos en tanto ciudadanos ¿qué seguridad sentimos que nos brindan las normas?(1)El mayor de todos está en Namibia, África y se encuentra en su mismo emplazamiento de siempre. Sólo se acondicionaron un tanto sus alrededores para la observación.

www.campodelcielo.com.ar/

 www.wokitoki.org/wk/599/por-la-devolucion-de-la-piedra-kueka


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