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A veces el sistema educativo puede tener algunas tensiones porque lo que se pretende es introducir algo nuevo y puede producir algún vaivén pero el balance es positivo (17.12-2008)
-- Alejandro Font de Mora
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Levante
Viernes, 15 de marzo de 2002
UN NUEVO MUSEO PARA VALENCIA
Facundo Tomas*
Hace falta un museo del siglo XIX para Valencia? ¿Es oportuno que ocupe salas hasta ahora usadas por el IVAM para ex-posiciones de arte actual? La polémica ha saltado en los medios de comunicación; profesionales de prestigio como Tomás Llorens y Felipe Garín han participado en ella, yo mismo me ocupé también en un Tener y no tener, algún Periódico está llevando una verdadera campaña contra el nuevo museo... Detrás de las distintas opiniones hay latente toda una ideología, una determinada visión del pasado y del presente a la que conviene acercarse con cierta detención.
Lo primero que es preciso constatar es que la decisión política de poner en marcha el nuevo museo tiene un carácter sustancialmente técnico, y su necesidad había sido hecha notar por varios especialistas, entre los cuales me hallo: no niego que toda operación técnica es igualmente política, pero lo cierto es que de ese periodo de aproximadamente cincuenta años que cubre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX (es decir: propiamente el entresiglos, no el siglo XIX) hay una abundantísima colección de pinturas (más de 800), esculturas (más de 300), grabados y dibujos en el Museo San Pío V, al cual apenas le es posible exponer una pequeña parte.
Claro, no se trata de cualquier momento de nuestra historia, sino precisamente de la edad de plata de la pintura valenciana, cuando aparecieron figuras de primer plano como ese trío tan significativo de Sorolla, Benlliure y Blasco Ibáñez, o como una larga nómina de pintores de la talla de Bernardo Ferrendiz, Ignacio Pinazo, Joaquín Agrasot, Emilio Sala, Manuel Benedito, los Benlliure, Vila Predes, Navarro Llomns, José Pinazo, Cecilio Pla... y un largo etcétera que nos habla de la gran riqueza cultural de aquellos años.
Importa pues poner en marcha el nuevo museo. Porque es una afirmación de nuestras raíces culturales. Porque permite a los valencianos reconocerse así mismos en las imágenes que produjimos hace cien años. Porque es una época brillante digna de ser mostrada ante investigadores y visitantes de cualquier índole. Porque, por todas las razones anteriores, construye nuestra identidad como pueblo.
2. Otro de los elementos que han aparecido durante la polémica es una especie de oppositio substantialis entre el arte valenciano del entresiglos XIX-XX y la modernidad, una voluntad de contraponer el nuevo museo al IVAM, como si representaran dos modelos de comprensión de la valencianidad: el uno cosmopolita e integrado en “las más avanzadas corrientes mundiales” el otro anclado en un pasado provinciano y obsoleto. Una especie de Sorolla contra Julio González como si todavía en el siglo XXI pudiesen considerarse antitéticos, como si la valoración de lo valenciano estuviese reñida con la participación en la primera fila de las más elaboradas opciones internacionales. Alguien dijo: “no van a comprar Monets y Manets y por lo tanto será un museo local”. Para semejante tipo de mentalidades no resulta posible conjugar el gusto de los óleos de Sorolla con los fotomontajes de Renau o con los cuadros del Equipo Crónica, por citar los pintores más internacionales y representativos de nuestro siglo XX. Yo llamé provincianos a quienes así pensaban, porque precisamente este siglo XXI ha venido para liquidar su estrecho concepto de modernidad, no sólo permitiendo, sino obligando a integrar lo más local con lo más universal, de manera que sólo puede ya considerarse cosmopolita aquello que tiene sus raíces clavadas hondamente en las tradiciones propias. Un pernicioso hábito de cierta izquierda la acostumbró a renegar de todas las señas de identidad valencianas como una especie de vergüenzas de un pasado que seria mejor sepultar en el olvido: los trajes de labradoras, las mascletas, las fallas y en ese sarao metían también a Sorolla y la pintura sorollista como quien esconde un pariente pobre y se niega a presentarlo a sus vecinos. Afortunadamente el tiempo ha venido a negar cualquier autoridad a semejantes posiciones, relegándolas a una irrelevante y caduca minoría cada día menos representativa y, lo que también es importante, ideológica y teóricamente inconsistente.
3 La cultura se descentraliza. El concepto de descentralización quiere decir que ya no es posible seguir mirando la historia con las pautas que durante el siglo XX definieron ciertos centros, como Paris o Nueva York Surgen hoy, al contrario, infinitas alternativas para construir el tejido cultural universal como un inmenso mosaico en el que cada tesela aparece con su propia personalidad, negándose a reconocer centro alguno al que corresponda organizar y legitimar a las otras; cada pequeña región europea, pero también americana o de cualquier lugar del tercer mundo, se alza hoy con su propia tradición histórica y cultural para ofrecerse a la humanidad entera como alternativa de idéntico valor a todas las demás. Seguir pensando la historia como única y lineal corresponde a ideologías apegadas al viejo colonialismo y al saqueo cultural al que la mayoría de los países fueron sometidos. La verdad es que me gustaría ver los relieves del Partenón en Atenas y no en el Museo Británico, el ábside de Santa Maria de Mur en el Museo de Arte de Catalunya y no en el Museum of Fine Arts de Boston, de la misma forma que me gustaría viajar a Paris para observar las pinturas de Manet, a Viena para contemplar a Klimt o a Milán para comprobar el estado del Cenáculo de Leonardo da Vinci: por la misma serie de razones querría ver; ampliamente expuesta, la pintura sorollista en Valencia.
Y para ello es imprescindible el nuevo museo del siglo XIX. Su creación no puede sino considerarse un acierto de política cultural. Y es perfectamente adecuado el convento del Carmen para alojarlo; si para ello hace falta trasladar a otro lugar dos salas hasta ahora utilizadas por el IVAM, no creo que ello genere graves problemas a nadie.
*Profesor de la Facultad de BB AA de Valencia.
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CARTA ABIERTA AL DIRECTOR DEL IVAM (A PROPÓSITO DE SU DECISIÓN DE CERRAR EL CENTRE DEL CARME).
Domingo Mestre Pérez*
El pasado 26 de enero, algunos artistas de la Comunidad Valenciana lanzábamos un llamamiento contra el cierre del Centre del Carme del IVAM, un singular espacio, separado físicamente del cuerpo principal del Museo, que ha estado dedicado, desde su creación, a la exhibición del arte contemporáneo de carácter más innovador.
Unos días más tarde, habiendo obtenido nuestro grito de socorro cierta repercusión social y mediática, además del apoyo de buena parte de la comunidad artística, el actual director del IVAM, Kosme De Barañano, afirmaba que se le estaba “dando demasiada importancia a las protestas de internet contra la desaparición del Centre del Carme”. Aseguraba, también, que el cierre de estas Salas lo había motivado la inminente anexión de las mismas al futuro Museo del s. XIX, “una decisión que ya estaba tomada cuando me hice cargo de esta institución”. Y cerraba el tema mofándose abiertamente de nuestras protestas al vanagloriarse de que “no ha habido ningún artista que haya expresado a la dirección del Centro su queja por el cierre de este espacio expositivo”.
Poco después, en la feria ARCO de Madrid, Consuelo Ciscar, subsecretaria de Promoción Cultural de la Comunidad Valenciana, daba por zanjado el asunto con las siguientes palabras: “la polémica carece de importancia [puesto que] son unas protestas que tendrían que haber surgido hace seis años, cuando se presentó el proyecto”.
Sin embargo, parece que los hechos no ocurrieron exactamente así y fue Juan Manuel Bonet, antiguo director del IVAM y actual responsable del MNCARS, quien rompió el falso consenso oficial destacando que ambas afirmaciones eran falsas: “No es verdad (...) Desmiento tajantemente que hace seis años estuviese eso puesto sobre la mesa (...) Sabíamos que en la otra parte del convento de El Carme se haría el Museo del Siglo XIX, pero jamás se planteó, ni desde la Consejería de Cultura ni en el seno del consejo rector del IVAM, la desaparición del Centre del Carme”.
En la misma línea, Vicent Àlvarez, miembro del Consell Valencià de Cultura, se quejaba en un artículo de prensa de que esta decisión no se hubiera hecho pública en su momento (hace seis años, cuando según Consuelo Ciscar se tomó esa decisión que nadie más que ella conocía) y, especialmente, de que no se hubiera consultado en ningún momento a este organismo cuya función es, precisamente, la de asesorar a los dirigentes políticos en estos casos. Sus quejas podrían condensarse así: “La gran majoria de projectes, sempre presentats amb bombo i platerets, s´han gestat sense debat previ, sense una reflexió col·lectiva, sense projectes àmpliament consultats. Les opinions posteriors es veuen en la necessitat de prendre sols posició a favor o en contra, i de vegades els que opinen en contra saben que van a no gaudir de favors. No hi ha matís, ni correcció parcial, sols resta desqualificació o assentiment total”.
Por otra parte, Antonio Cassola, representante de la asociación de vecinos y comerciantes Amics del Carme, reprochaba abiertamente a Barañano que éste hiciera gala públicamente de su desinformación puesto que eran muchos los artistas, galeristas y vecinos del barrio que habían hecho ya pública su oposición al proyecto en los medios de comunicación locales. También se quejaba de que se hubiera negado a recibirlos, “al menos para escuchar y conocer su opinión”, y de “que trate de reducir el cierre del Centre del Carme y la ampliación del IVAM a un simple trueque de m2 [olvidando que] para muchos de los expropiados, los 60m2 de sus casas, que ahora se convertirán en almacenes, condensan la memoria de sus vidas”.
Como se puede ver por este breve resumen, ha hecho falta que corriera mucha tinta para que el Sr. Barañano se diera por aludido y presentara alguna explicación sobre el tema. La tardanza ha hecho que las críticas se ampliara enormemente, llegando a abarcar múltiples aspectos de su gestión que hasta el momento habían sido tolerados o pasado desapercibidos. Además, cuando el actual responsable del IVAM ha accedido a explicarse en su artículo “IVAM, Balance y objetivos”, lo ha hecho esbozando las directrices generales de su proyecto museístico –algo que se agradece- y enumerando los que, a su entender, serían los logros obtenidos hasta el momento, pero sin responder a ninguna de las preguntas directas que se le han ido formulando durante estos últimos días de tensión. Pero lo que rebasa los márgenes de lo tolerable, sobre todo tratándose del director de una institución pública, es que sea él quien termine haciéndose el ofendido por las críticas al final de su artículo al afirmar: “y a los que se dedican a calumniarme a mí y a otros trabajadores del IVAM desde la impunidad y la cobardía del anonimato, decirles que pierden el tiempo porque soy de los que creo, como Ramón y Cajal, que de todas las reacciones posibles ante la injuria, la más hábil y económica es el silencio”.
Es por eso que soy yo, ahora, quien se siente particularmente agraviado por sus declaraciones y paso a pedirle que aclare de una vez quién es el que miente en toda esta polémica: J. M. Bonet o C. Ciscar?, ¿o acaso es usted el que no nos dice toda la verdad? Y, simultáneamente, no dejo de preguntarme si no será el Sr. Barañano quien le estará dando ahora “demasiada importancia” a alguna “injuria anónima” que haya podido escapársele a alguien al hilo de toda esta polémica -puesto que la mayoría de las críticas provienen de personas bien conocidas que han argumentado, con mayor o menor acierto, cada una de sus objeciones hacia su gestión-. ¿O es que le da vergüenza (y por eso se siente injuriado) que se sepa que su remuneración duplica el sueldo de nuestro Honorable President de la Generalitat? ¿O es por casualidad falso que su esposa trabaja actualmente para la Fundación Bancaixa?, ¿y que si usted no nos ofrece argumentos mejores resulta bastante lógico –e incluso lícito- pensar que ese ha sido un factor determinante para incluir la exposición de los premios Bancaixa dentro de la programación del IVAM? ¿O es que piensa que el prestigio internacional del IVAM se ha conseguido exhibiendo en el Museo los concursos de arte organizados por las entidades bancarias locales? ¿Cómo ha conseguido convencer a Consuelo Ciscar de que es un “buen negocio” gastar más dinero para organizar menos exposiciones?
Entiéndame bien, hasta ahora nadie ha puesto seriamente en duda su honestidad, su competencia profesional o su inteligencia –aunque su teatral recurso al “silencio como respuesta” ha conseguido ofender la nuestra-, pero es usted quien afirma que “La tarea del director no es ya reunir, conservar e investigar, sino más bien la presentación del espectáculo y su recaudación”. Debería entonces darse cuenta de que, de estar en lo cierto, no sería usted la persona más adecuada para ejercer esas funciones –esto se lo digo con todo el respeto del mundo: para ser coherente con sus planteamientos lo que necesitaría el IVAM es un auténtico showman en la dirección del negocio (tipo Xavier Sardà p. ej.)- y, de estar equivocado –como yo creo que lo está, pues aunque es cierto que algunos museos están planteados como parques temáticos, eso no quiere decir que TODOS los museos deban gobernarse de la misma forma-, debería replantearse el estilo de su gestión o renunciar a ella.
* United artists from the Museum
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| Viernes, 15 Marzo, 2002 |
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Entre el lamento general y la falta de acción
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Comentarios
Centrense en el debate de fondo, estamos hablando y valorando la política cultural de este grupo/lobby aferrado al poder desde el principio de nuestra democracia.
Basta ya de discursos pagados y servilismo.
Facundo eres un puto vasallo con un discurso rancio y seudofascista, súbdito de tu mediocreidad, no insultes más la inteligencia, no mereces ni estos insultos, me reservo el derecho de escupirte personalmente a la cara y en público. ¿De que coño hablas?.
Estaría bien abrir una sección con sus fotos (como la galería de Consuelo) donde podamos incorporar información detallada de cada personaje. Puede ser un bonito arbol genealógico. Ya saben, Rafael, Consuelo, Ramón, Tomás, Facundo...
¿ETNOLOGIA O ESTETICA?
Sin ser valenciano, pero como entidad pensante me veo obligado a hacer notar ciertos desmanes del intelecto en la forma edulcoradamente pseudocientífica en que plantea su defensa del museo del siglo XIX. Un museo del que no estoy ni a favor ni en contra. Eso si, no entiendo como Valencia se gasta millones de euros en una ciudad de las ciencias, es decir, en uno de los valores más abstractos y menos locales de la cultura del siglo XXI, y no puede invertir su dinero en la construcción de un museo que contenga esas obras que, según usted, definen, al parecer, los valores patrios, las raizes de su cultura, y su identidad como pueblo.
Casi a modo de comentario de texto de bachiller me dispongo a analizar algunos de los argumentos que usted, como especialista y componente del equipo técnico, esgrime. Y lo hago no tanto por su defensa del museo como por las falacias conceptuales en las que cae repetidas veces. He de decirle que si algo hace con ello es convencer al extraño, yo, de que quizás ese museo sea una idea perversa.
Comenzaré por el final del punto 3 de su texto:
“.Un pernicioso hábito de cierta izquierda la acostumbró a renegar de todas las señas de identidad valencianas como una especie de vergüenzas de un pasado que seria mejor sepultar en el olvido: los trajes de labradoras, las mascletas, las fallas y en ese sarao metían también a Sorolla y la pintura sorollista como quien esconde un pariente pobre y se niega a presentarlo a sus vecinos. Afortunadamente el tiempo ha venido a negar cualquier autoridad a semejantes posiciones, relegándolas a una irrelevante y caduca minoría cada día menos representativa y, lo que también es importante, ideológica y teóricamente inconsistente.”
Debo decirle que es usted falaz y que miente, que además argumenta desde el resentimiento político hacia la izquierda y que además disfraza su propio discursode la misma perniciosidad revanchista que esa izquierda pudo tener. Muy señor mio, esa izquierda, o al menos una buena parte, renegaba de una construcción romántica (perfectamente datable) de la identidad de un pueblo. Piense usted en que momento de la historia el pueblo valenciano empieza a identificarse con las labradoras y otros tantos iconos, indague en su conocimento, en su aparente tecnicísmo, busque esa fecha. Pero mire antes las fotografñias de los viajeros ingleses del XIX, aquellos que recorrían España como un lugar exótico fotografíando caminos con burros, labriegas y otros tantos iconos de la peninsula; consulte que tipo de exposciones hacían al volver a sus países y después digame si la identidad valenciana, a la que usted se refiere, es algo tan propio de los valencianos. Usted habla de un constructo que de una verdad, eso es trampa.
No pasemos por alto que esto afecta a todo el territorio español y que esa herencia se ha arrastrado mucho tiempo: “Nobleza Baturra”, en cine, o el inigualable canario “Néstor” que inventó toda la iconografía y la tradición canaria, con sus labriegas y todo, son grandes heraldos de la “identidad” local y de la “inefable” tradición.
Así pues, tiene usted el derecho de calificar a la izquierda como perniciosa, pero por reduccionista, quizás por querer borrar una parte de la construcción cultural que toda identidad de un pueblo supone, por no permitir que conviviera con otras identidades. Pero evite decir que se oponían a la identidad de un pueblo. Usted no es nadie para decidir cual es la identidad única y verdadera de los valencianos, entiendo su nostalgía decimonónica por una identidad facilmente detectable, de iconos agradables, amables e inteligibles. Pero señor mio, en Valencia hay valencianos, murcianos, turcos, marroquíes, argelinos, castellanos, y un barco que llega cada semana de Argelia a Alicante y viceversa etc. Su argumento, su parapeto teórico, su defensa mesíanica de lo que es la “identidad” me hacen pensar que quizás el museo del siglo XIX sea un proyecto algo pernicioso.
Me referié ahora a otra de sus frases:
“...el siglo XXI ha venido para liquidar su estrecho concepto de modernidad, no sólo permitiendo, sino obligando a integrar lo más local con lo más universal, de manera que sólo puede ya considerarse cosmopolita aquello que tiene sus raíces clavadas hondamente en las tradiciones propias.”
¿Qué quiere decir que “cosmopolita es aquello que tiene sus raíces clavadas hondamente en las tradiciones propias”? ¿definame tradiciones propias?¿definame tradición?¿digamé a que parte de la tradición se refiere y la fecha en que comenzó a existir ese constructo cultural? ¿Por qué se parapeta en un concepto como la tradición?¿esconde usted algo?¿quiere usted ser un heraldo de esa tradición?
Se refiere usted a la tradición como si fuera un argumento positivo y verdadero, casí una característica “natural” del “ser” de un pueblo. Por su texto deduzco que usted se identifica con esa “tradición” que cita y no define, pero me niego a aceptar el hecho de que hable de “identidad del pueblo valenciano” cuando no hace más que redundar en sus propios placeres y gustos estéticos. De nuevo, este argumento, me hace pensar que el museo del siglo XIX no tan científicamente necesario.
Tiene usted razón, la cultura se descentraliza. Todos nos descentralizamos. Pero no haga trampas. Su discurso no es artístico, es etnográfico. Quiero decir que para hablar de arte, de la calidad del arte que se expondrá en ese futuro museo, usted no esgrime ni un solo concepto estético, ni el más básico. Esgrime conceptos etnograficos procedentes, para más INRI, de ciertas posturas américanas que estudian lo artístico y lo local fuera de la estética, como manifestaciones de la identidad de todo lo que no es americano. La etnografía y, aún más grave, la autoetnografía, no pueden justificar una postura estética y son profundamente provincianas cuando se habla de arte. En todo caso lo que se hizo en el IVAM respondía a un discurso artístico, haya sido bueno o no el resultado.
Sin querer redundar, término diciendole que ha conseguido una firma más en contra del museo que defiende, que sospecho de su postura y que espero haber explicado suficiente el porque de ello.
Escrito desde fuera de valencia.
Pero a estas alturas, y a nuestra edad, lo que hace este señor, resulta patético. ¡Que le suban el sueldo!
Bernat Rius
Valencia
El Sr. Facundo Tomas reprocha a todos los que no opinan como él y C. Ciscar lo que ámbos dogmáticamente defendían cuando militaban en esa caricatura de izquierda que dibuja en su perverso artículo. Menuda cara mas dura.
¡Cuán irrisorio suena Facundo Tomás! ¡Y cuán patético! La izquierda que evoca le confirió a este país la herida más cruel y sangrante que una ideología ha podido recibir. Lo que Facundo Tomás demuestra con este artículo (y varias de sus seudo-columnas en Levante) es que nunca creyó en lo que dijo, ni dijo lo que creía y pensaba de verdad. Ha sido siempre un señorito portando la facha de un proletario, igual que su amigo (o enemigo, quién sabe a estas alturas!!) Ramón de Soto y toda la carroña que deambulaba (y aún deambula) por la Facultat de BBAA y por cargos políticos de a posteriori. Que un cacique como él hable de conciencia de identidad, tradición y conceptos que seguro él entiende sólo desde su miope punto de vista, es para echarse a llorar. Esperamos que Levante-EMV nos devuelva la oportunidad de replicarle directamente.