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Estos señores ya han dado muestras de su cinismo y su desaprensión. Pues resulta que este comando sospechoso de italianos están montando una Bienal en Valencia que va a costar más de 900 millones de pesetas que saldrán del erario público. Y todo para hacer algo que nada tiene que ver con el arte, sino con el mundo de la moda. Es indignante
-- Eduardo Arroyo
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Categoría: Tribuna Justo SernaLos artículos publicados en esta categoría son los siguientes.
Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia.
EL PAÍS - 20-01-2005
A comienzos del verano de 2003, semanas después de que cayera la estatua de Sadam, aquel icono monstruosamente grande que fue derribado con aparato y pompa en las calles de Bagdad, Mario Vargas Llosa acudía a dicha capital con el propósito de realizar un reportaje de la posguerra para EL PAÍS. Podemos releer ahora esas crónicas en Diario de Irak, un libro en el que están las preguntas fundamentales que nos acucian, aunque las pocas respuestas que el escritor aventuraba estén radicalmente desmentidas por el día a día de un conflicto que a todos nos amenaza. La inminencia de las elecciones en Irak y sus apremios devuelven actualidad a esas cuestiones y al escenario que las incita.
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Justo Serna, colaborador habitual de El País, Valencia
«La decisión de mandar la carta a El País criticando a Echevarría fue personal y no la consulté con nadie»
«Algunos ideólogos de la prensa se creen autorizados a suponer cualquier cosa»
«Si una escueta misiva de tres párrafos 'hunde' a un crítico, según me atribuía Víctor de la Serna, entonces es que estaríamos asistiendo a la demolición de la industria cultural española»
«¿Puede alguien mandar una carta al director sin estar teledirigido por la empresa rival? No, claro que no, responderán algunos»
«Si yo comentaba el papel ejercido por Echevarría de mandarín de la reseña, tan frecuentemente irritado, como un Zeus tonante, no vitupero, sino describo»
Por Mate Guerra
Periodista Digital
11/01/05, 08.27 horas
El polémico ?caso de Ignacio Echevarría? sigue en el tapete noticioso sin visos de pasar al olvido. Y es que la salida del destacado y prestigioso crítico literario de El País el pasado mes de diciembre sirvió para destapar una preocupación existente al interior de sus propias paredes, entre sus propios colaboradores, de firmas potentes como las de Mario Vargas Llosa, Rafael Conte, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Marsé, Eduardo Mendoza y una larga lista de colaboradores habituales y redactores que pusieron en duda el libre ejercicio del derecho a la critica en el principal periódico de habla hispana.
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Justo Serna
El portavoz
EL PAÍS | C. Valenciana - 23-12-2003
Uno de los hechos frecuentes de la liza política es la controversia verbal. No hay nada que objetar, ya que en ello se fundamenta la supremacía del régimen parlamentario. Nos referimos, en efecto, a aquel sistema en el que la palabra es ejercicio de convicción, de deliberación. En eso consiste parlamentar, en conferenciar con la parte contraria para intentar llegar a algún acuerdo o para zanjar diferencias. La elocuencia democrática no es pirotecnia verbosa que deslumbre, que encandile, sino pensamiento expresado en voz alta, la proclamación de unas pocas ideas con el fin de que los ciudadanos reflexionen en el espacio público, examinándolas, refutándolas incluso. Decía Ralf Dahrendorf en 'Después de la democracia', un libro dialogado, un volumen precisamente oral, que uno de los peligros más graves que amenazan al sistema representativo es la crisis de la argumentación, el significado torticero y manipulador con que tantos pervierten o desnaturalizan las palabras. Ahí, en el mundo exterior, ocurren cosas y eso que sucede no cobra dimensión hasta que lo designamos, hasta que lo nombramos. Dominar el lenguaje, adueñarse de la semántica, es calificar ese mundo, pero es asimismo construir lo que nos sobreviene al darle espesor verbal. Desde luego, mentir es negar los hechos realmente acaecidos, empecinarse en ocultar lo consumado. Pero decir embustes es también apropiarse de un significante para rellenarlo con un significado contrario a las evidencias o, sin más, reinventar el sentido que atribuimos a las circunstancias y que la generalidad suscribe. Reparemos en el habla del portavoz del Gobierno
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Justo Serna
Publicado en El País, Comunidad Valenciana, 2 de diciembre de 2004
?Por voluntad expresa de José María Aznar?, leemos en el editorial de Abc de 1 de diciembre de 2004, ?Mariano Rajoy asumió hace más de un año la sucesión en el liderazgo del centro-derecha, en circunstancias ciertamente muy diferentes de las actuales. Tal vez la campaña electoral no fue especialmente brillante y es probable que el Partido Socialista estuviera recortando un poco la distancia, pero parece seguro --con los datos disponibles en la mano-- que Rajoy sería hoy presidente del Gobierno si no hubiera mediado el atentado del 11-M. El reciente congreso del Partido Popular ha confirmado por mayoría abrumadora la apuesta en favor de un político prudente, que representa una opción, e incluso una manera de ser, que se identifica con el sentido común. Se trata de un líder respetable, orador notable en sede parlamentaria y gestor eficaz cuando las circunstancias lo requieren, como demostró en la crisis del «Prestige». Rajoy se ha mantenido apartado, con buen criterio, de los avatares de la Comisión de Investigación y debe ahora ocupar el primer plano para encabezar una oposición firme?.
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Justo Serna
El País, Comunidad Valenciana, 24 de noviembre de 2004
Aun siendo real, debe uno frotarse los ojos para confirmar que lo que se ve es verdad, que es cierto, que las declaraciones públicas son las que son y que las empresas que nuestros representantes proclaman son ésas: unas metas indignas, ignaras, a las que no damos crédito. Inflamándose, sacando pecho, adoptan una conducta retadora, propia de quien ufano busca pendencias, y la actitud agraviada, la del que se siente dolorosamente ofendido o lastimado o quejoso. Se sacuden su responsabilidad, se resarcen e imputan a otros la culpa, un enemigo por supuesto hostil, al parecer siempre deseoso de dañarnos y de arruinar lo que es nuestro: el valenciano, por ejemplo.
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Los autores refieren que el Cementerio General de Valencia fue pensado claramente para separar a los ricos de los pobres, para diferenciar a los que iban en carruajes de los que no podían costeárselos
Justo Serna y Anaclet Pons son profesores de Historia Contemporánea de la Universitat de València.
EL PAÍS - C. Valenciana - 01-11-2004
Es común honrar a los muertos y recordarlos, pero es en el mes de noviembre cuando los deudos frecuentan el cementerio, en abigarrada confusión, coincidiendo con la festividad de Todos los Santos (cuya víspera festejamos ahora con audacia anglosajona y resonancias célticas llamándola Halloween, es decir, all hallow's eve). Para preparar la visita, los vivos asean esa morada, después quizá de meses de abandono o incuria o mal estado, abrillantando los mármoles y disponiendo las flores con las que mostrar respeto y homenaje. No siempre fue así. Piensen, por ejemplo, en el camposanto de Valencia. El cementerio extramuros de esta ciudad se ordenó construir en 1807. Hasta entonces, sólo los enterramientos nobiliarios y eclesiásticos se realizaban en lugar apropiado, en las criptas de los conventos y en las iglesias. Era lógico, pues, que en un siglo de ilustración y progreso como fue el Ochocientos, razones de espacio y de salubridad aconsejaran a los munícipes de Valencia (y de otras ciudades) dar por acabada esa práctica. Con dicho fin se habilitaron espacios fuera de las murallas en los que inhumar a patricios y plebeyos
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Justo Serna
Profesor de Historia de la Universidad de Valencia.
EL PAÍS, Comunidad Valenciana, 19 de octubre de 2004
Internet ha traído cosas nuevas, unos cambios atropellados a los que debemos adaptarnos con vértigo y con aturdimiento. Pero la Red ha actualizado también viejas formas de operar que son tan antiguas como la vida, como el hombre. Entre ellas, el anonimato. El anonimato no es necesariamente algo malo, algo rechazable. Fíjense: la ciudad es el recinto de los anónimos, una bendición, una liberación frente a la inspección y al control de la identidad que se da en espacios menudos, limitados, esos espacios en los que siempre estamos expuestos a la visibilidad del semejante, celoso guardián de quienes son portadores de algún estigma. Ser anónimo en el recinto urbano es, para mí, el ideal de vida frente al custodio: que el barman de aquella cafetería no te reconozca ni sepa de tu pasado, que el quiosquero no recuerde qué periódico lees o qué semanario prefieres. Ya digo: el anonimato urbano es una escapada frente al escrutinio minucioso, frente a las solidaridades mecánicas (en palabras de Émile Durkheim) del espacio rural, pequeño, acotado.
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Justo Serna
Profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia.
EL PAÍS - C. Valenciana - 28-09-2004
Es probable que lo recuerden. En mayo pasado, John Ashcroft, responsable norteamericano de Justicia, y Robert Mueller, director de la CIA, hicieron pública una predicción. ¿Era una profecía cierta o una profecía falsa? Según nos recordaba José Manuel Calvo, en este periódico, ambos "advirtieron de que Al Qaeda ha preparado un atentado contra EE UU para tratar de alterar las elecciones del 2 de noviembre y anunciaron 'esfuerzos extraordinarios' para proteger próximas citas como la inauguración en Washington del monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, la reunión del Grupo de los Ocho en Georgia, del 8 al 10 de junio, la fiesta nacional de EE UU el 4 de julio y las convenciones de Boston y Nueva York", previstas para el verano. El corresponsal precisaba: "La Casa Blanca aseguró que el Gobierno no exagera con fines electorales". Esas citas, ya cumplidas, son propias de la política local norteamericana, pero son también hechos que a valencianos, españoles o europeos nos afectan. Han pasado, como digo, y no parece haber ocurrido nada grave en territorio estadounidense. ¿A qué debemos atribuirlo?
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Justo Serna
Además de Fernando Reinares ('El nuevo terrorismo islamista'), hay otros especialistas en el mundo islámico o en fundamentalismo o en terrorismo, como Rohan Gunaratna ('Inside Al Qaeda') o como Bernard Lewis ('The Crisis of Islam'), que han señalado el historicismo imaginativo en el que se fundamentan los líderes de Al Qaeda para justificar sus atentados. Al Andalus es, efectivamente, un referente último, una herida aún lacerante para Bin Laden. El paso de los siglos no habría achicado el dolor: por tanto, la Reconquista de Al Andalus para el islam sería tarea impostergable en la mentalidad terrorista. ¿Fue esto lo que dijo José María Aznar en su conferencia en Georgetown?
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Justo Serna
La circunstancia actual me hecho recordar 'Which Way to the Front?' (1970), de Jerry Lewis. Al principio de la Segunda Guerra Mundial, un rico ostentoso Brendan Byers III, interpretado por Jerry Lewis, un magnate, en fin, quiere alistarse como voluntario en las tropas del frente europeo. Es rechazado, sin embargo, por un Tribunal del Ejército. Brendan Byers III no renunciará a su sueño, decidido como está en ser partícipe del conflicto, como un nuevo y torpe Fabrizio del Dongo. Organizará un ejército financiado por él mismo, una tropa formada por unos pocos tan ineptos como él. Su propósito es noble: armarse de valor para combatir fieramente al enemigo nazi. ¿Dónde está el frente?
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Justo Serna
En 1875 aparecía en Italia un libro pionero, audaz. Su título: 'L'uomo delinquente'; su autor: Cesare Lombroso. Gracias a dicho volumen, la ciencia europea emprendió un giro osado en su análisis de la ?cuestión social?, ese asunto que tanto preocupaba a nuestros antepasados del Ochocientos. Según sospecharon Lombroso y sus seguidores, examinando la constitución anatómica de los delincuentes encarcelados, estudiando fémures y capacidades craneales de los presidarios, podría determinarse la coincidencia de dichas características entre los criminales. ¿Coincidencia? Si una repetición es insistente no hay chiripa, no hay azar, sino circunstancia y fatalidad. Una averiguación estadística podrá, pues, certificar los rasgos comunes de los delincuentes y servir de base predictiva: todos aquellos individuos libres con dichas características anatómicas tendrían, les gustase o no, lo supiesen o no, propensión al crimen. ¿Qué felicidad? La etiología del delito resuelta de una vez para siempre, el crimen tratado científicamente: eso sostuvieron muchos esforzados y empeñosos positivistas, herederos de Auguste Comte. Pero eso mismo lo sostuvo también Kropotkin en ?Las prisiones?. Salvo reparos circunstanciales, el afamado príncipe anarquista celebró el tratamiento riguroso que, a su juicio, le daban al delincuente Lombroso y los suyos. Reproduzco una pequeña parte:
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Justo Serna
¿De qué está hecha el alma del verdugo?, vuelvo a preguntar. ¿Cuál es su índole?, insisto. ¿Siente algún tipo de remordimiento? Necesitamos a una nueva Hannah Arendt que explore su psique.
Hace casi cuarenta años, oponiéndose a un juicio dominante, enfrentándose a una opinión mayoritaria, Hannah Arendt publicó un relato que conmovió al mundo entero. Me refiero a 'Eichmann en Jerusalén'. En aquel libro, la politóloga norteamericana narraba los avatares, el proceso y la condena de Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y uno de los mayores criminales de la historia. Capturado por un comando israelí en una Argentina en la que había encontrado refugio cobijándose bajo una identidad falsa, el funcionario alemán sería juzgado en Jerusalén por los delitos horrorosos que, como responsable de la deportación y muerte de miles de judíos, se le imputaban. Fue tal la perversidad de los crímenes que quienes le encausaron se obstinaban en presentarlo como un monstruo del mal, sin perfiles, sin vida normal. Nadie en su sano juicio podía ser capaz de infligir tanto daño; nadie con un mínimo de reparo moral podía ser autor deliberado del horror que se le atribuía. Como se sabe, Hannah Arendt se opuso a este criterio: se empeñó en hacer de Eichmann un tipo precisamente normal, alguien que, como ustedes o como yo, pudo haber optado por el bien en vez de por el mal, un mediocre. Con la valentía y con la obstinación que la caracterizaron, y enfrentándose a la opinión común, la pensadora celebró el discurrir del proceso, su pulcritud, y, más importante aún, delimitó el estado y consecuencias morales de la culpa que achacar al miembro de las SS.
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Justo Serna
¿Hay algo peor que infligir daño y todo tipo de sevicias a un niño? ¿Con qué impiedad, crueldad, hay que estar infectado para ensañarse con párvulos y adolescentes, con escolares y jovencitos, muchachos contra los que, además, no se tiene nada personal, ojeriza particular? La lógica fanática del terrorismo es ésa, precisamente: la de que te ocasiono dolor, herida y muerte sin profesarte odio personal.
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Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea de la Universitat de València.
EL PAÍS - C. Valenciana - 02-09-2004
Hace meses, en Valencia, alguien me obsequió con un volumen. Fue un gesto de amistad. La obra se titulaba Los no musulmanes en la sociedad islámica, firmado por Yusuf Al-Qaardawi y estaba editado por La Casa del Libro Árabe, de Barcelona. Agradecí el detalle, por supuesto, pero, conforme me fui internando en sus páginas, conforme fui leyendo, empecé a inquietarme: me alarmó su contenido al descubrir que se trataba de un volumen fundamentalista. En efecto, era una obra integrista, a pesar de que pareciera predicar lo contrario, una obra en donde cansinamente se exaltaba la tolerancia (y, por tanto, la superioridad) de que haría gala el islam frente a otras religiones, el respeto paciente que mantendrían sus fieles por los creyentes de otras confesiones. ¿Sorpresa? No me asombró que esa obra tuviera dicho tenor cuando averigüé que su autor estaba vinculado a los Hermanos Musulmanes, de Egipto. Tampoco me maravilló su contenido cuando, en efecto, advertí que La Casa del Libro Árabe era también la editora del célebre volumen del imam de Fuengirola, volumen que, ustedes recordarán, postulaba el uso de la violencia contra las mujeres para así hacerlas entrar en fe. Además, dicho sello había publicado otros títulos no menos inspiradores como, por ejemplo, Batalla entre el Islam y el Capitalismo.
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Justo Serna
Un grupo terrorista mantiene secuestrados bajo amenaza de muerte a dos periodistas franceses. Para liberarlos exigen la retirada de la ley del velo que la República aprobó meses atrás y esta semana ha de entrar en funcionamiento. "No recuerdo ningún otro chantaje parecido al Estado democrático", anota Arcadi Espada en su 'blog'. "Lo trascendental en esta noticia es la denotación. El terrorismo islámico exige la desaparición del orden ilustrado. Hasta ahora se trataba sólo de una metáfora", una metáfora "ampliamente divulgada por los opinadores. Es impresionante comprobar que, convertida en hecho, sólo provoque la indiferencia de los informadores". ¿Hasta cuándo? Permítanme citar a un periodista irreverente, incluso detestado por muchos, que se ha tomado en serio ese reto odioso que los terroristas nos plantean. Me refiero a Jean-François Revel.
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Justo Serna
Como supongo que muchos preparan ya su retorno a casa, les reproduzco una simpatiquísima noticia aparecida en 'Levante-EMV' el 5 de julio pasado. Se trata de un texto elaborado al modo en que hoy tantos insertos periodísticos se elaboran: con declaraciones, en este caso del experto. Me proponía comentarlo, pero no lo haré: lo dejo tal cual para ilustración y ejemplo, pero sobre todo para disfrute de la concurrencia. Aprecien que estas conclusiones viales son de una larga elaboración científica, incluso en laboratorio con simuladores. Decía Émile Durkheim en 'Las reglas del método sociológico' que la ciencia está contra el sentido común, ya que éste sólo es un repertorio de verdades corrientes, un saber dictado por la experiencia y no una abstracción fruto del conocimiento. No sé, no sé. Lean, lean, y ya me dicen.
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Justo Serna
En 1967 apareció 'Cien años de soledad'. A pesar de haber cobrado hace meses una actualidad inusitada con motivo de la subasta de las primeras pruebas de imprenta, no hay ninguna razón cronológica que hoy invite a celebrar esa fecha. Es más: ni siquiera es una efeméride. Los modernos nos hemos acostumbrado a festejar los números redondos, como si la cifra exacta, acabada en cero o en cinco, tuviera algo de especial, un añadido mágico que justificara la evocación. Pero, como nos advirtió Enrique Vila-Matas hace justamente cuatro años, es absurdo el prestigio que concedemos a los números redondos. Es una superstición que muchos compartimos, una superstición que, en fin, carece de fundamento. Hace treinta y tantos años que Gabriel García Márquez publicó su novela más conocida y ahora, exactamente ahora, es un buen momento para leerla, si no la han leído, o para regresar a Macondo en el caso de que la hayan frecuentado. Cuando llega el verano y el tiempo cobra una dimensión demorada, cuando las chicharras celebran el calor y la luz o cuando nos bronceamos indolentemente en las playas de moda, es el momento idóneo para volver a la aldea de 'Cien años de soledad'.
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Justo Serna
Hace justamente un año, a comienzos del verano de 2003, y por encargo de ?El País?, Mario Vargas Llosa acudía a Irak con el propósito de realizar una crónica de la posguerra. Meses después de que cayera la estatua de Sadam, aquel icono monstruosamente grande que fue derribado con aparato y pompa en las calles de Bagdad, el escritor regresaba a su antigua condición de reportero. Ahora podemos releer esas crónicas en ?Diario de Irak?, un libro publicado por la editorial Aguilar, un libro en el que están las preguntas fundamentales aunque las pocas respuestas que el escritor se consiente y su optimismo inclurable estén radicalmente desmentidos por el día a día de un conflicto que a todos nos amenaza.
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Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia.
EL PAÍS | C. Valenciana - 17-07-2004
Siempre que llegan estas fechas me acuerdo de un relato de Julio Cortázar, un cuento que forma parte del volumen Todos los fuegos el fuego. Como saben los incondicionales del escritor argentino, en ese libro se reúnen algunas de sus mejores narraciones, esas que tanto sorprendieron y que nos lo mostraron como un entomólogo de lo real, como un examinador de la vida ordinaria que nos acaece. Todos los fuegos el fuego se publicó en 1965 en la editorial Sudamericana y aún no lo hemos olvidado. Por ese libro y por otros que le siguieron, queremos tanto a Julio... Ustedes me perdonarán esta expansión: los cuentos de Cortázar son un deslumbramiento de la adolescencia que ya no se extingue. Pues bien, regreso al relato que les mencionaba y les diré que su título es La autopista del sur, un relato que inspiró una película de Jean-Luc Godard (Weekend, 1967). Como recordarán, esta narración trata del viaje, del viaje meridional que inician unos automovilistas franceses cuando, dispuestos a emprender las vacaciones estivales, toman la carretera y, por alguna razón que nunca sabremos, se tropiezan con un monumental atasco.
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¿Quieren leer una entrevista reciente, de ahora mismo, con Antonio Muñoz Molina en donde se examinan y se revelan las claves de su prosa, de sus narraciones? ¿Desean averiguar cómo se conciben los personajes, qué papel se les da, cuál es el valor moral con que el autor los reviste? ¿Les gustaría saber qué inversiones emocionales hace el escritor cuando concibe una novela, cuando idea una ficción, cuando hace aleaciones entre imaginación y realidad? Entonces, no dejen de visitar esta página:
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Justo Serna
El curso escolar ha acabado ya para los niños y eso me ha hecho recordar una cosa que descubrí hace meses. Un día, mientras navegaba por Internet (perdonen la catacresis), naufragué por azar en un paraje insólito. No era un islote virgen, sino todo un continente, un dominio extenso y lujoso: la revista 'Developmental Psychology'. Por supuesto me adentré en aquel lugar y tuve la oportunidad de consultar lo que parecía un severo estudio llevado a cabo por especialistas de la Universidad de Michigan sobre los efectos de la violencia televisiva en 557 niños durante el período comprendido entre 1977 y 1992. No se trataba de algo sustancialmente nuevo, puesto que, desde los años sesenta, los norteamericanos andan muy preocupados por el particular. En julio de 2000, por ejemplo, las grandes corporaciones médicas aterrorizaron a la población al hacer pública toda una Declaración contra el entretenimiento televisivo. Lo sorprendente es que, después de esa tremenda debelación, dichas asociaciones apenas dijeran cosas sobre el mal que al niño le infligen la marginación y la liberalidad con que allí pueden usarse las armas de fuego. Vean, vean 'Bowling for Columbine', la película precisamente ambientada en el violento Michigan. Pero dejemos este film tan galardonado (y maniquea) y aquel manifiesto y regresemos al informe que nos ocupa.
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Justo Serna
El quince de junio, Arcadi Espada hacía broma en su ?blog? sobre un debate catalán. Haciendo chanza del pactismo, del diálogo que es tradición y orgullo de Cataluña, daba noticia de una discusión televisiva. ?El diálogo catalán?, decía, ?salpica en todas direcciones. Btv, la televisión de Barcelona. Hoy, a partir de las 22.45, gran debate: ?¿Orinar en la calle?? ?. ¿Orinar en la calle? Pese a la ironía de Arcadi Espada, no creo que ese debate catalán fuera una nonada. En Valencia, por ejemplo, los orines anegan las calles en las fiestas y durante los fines de semana: cualquier rincón es bueno para el alivio mingitorio y para el astillado de botellas. El último ejemplo lo tenemos en la festividad de San Juan, el anterior en las inevitables celebraciones josefinas.
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Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia.
EL PAÍS | C. Valenciana - 24-06-2004
Por lo que dice, Esteban González Pons prevé invertir de aquí a 2008 más de 955 millones de euros para hacer realidad lo que sus predecesores dejaron de acometer: una red de colegios e institutos de nueva planta o rehabilitados para dar cobertura digna a los estudiantes valencianos y para eliminar esa afrenta y negocio que son los barracones. Se trataría, además, de ejecutar las obras con calidades reconocidas, exigentes, europeas, incluso españolas: las que se remontan al vanguardismo pedagógico de Giner de los Ríos, precisó el consejero. Se trataría, en fin, de dotar a los centros de gimnasios y bibliotecas, así como de "todo lo que haga falta para la educación, todos los institutos y los colegios, todas las adecuaciones y las remodelaciones y toda la fuerza educativa que se necesite para que nuestra Comunidad tenga la mejor oferta educativa posible", según añadió Francisco Camps. De ello se ocuparía Ciegsa, la antigua empresa pública que ya estuvo encargada de las obras de construcción, pero ahora remodelada. "Será necesario potenciar, con los cambios pertinentes, la entidad que ha hecho la mayoría de los colegios de nueva creación en los últimos años", aseguró el consejero, aunque adaptándola "a las nuevas necesidades", esto es, a las obras pequeñas, como son los gimnasios o las bibliotecas. Francisco Camps y González Pons declaraban estas intenciones en el Instituto Benlliure de Valencia.
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Justo Serna
Joan Fuster sigue siendo un personaje vivo, controvertido, un referente al que se invoca para iniciativas bienintencionadas pero dudosas, insólitas, o un adversario intelectual al que frecuentemente se le ofende para arremeter contra los políticos de hoy. Pondré dos ejemplos que nos dan los medios de comunicación.
El primero lo podemos leer en ?El País?. Según Israel Punzano, la Asamblea Nacional de Entidades, que agrupa a instituciones culturales de los todos territorios en los que se habla la lengua catalana, presentó ayer en el Parlament la denominada ?tasa Fuster?, iniciativa que consiste en el pago voluntario de un euro al mes con el fin de apoyar la "unidad y la difusión de la lengua catalana". Los fondos recaudados se destinarían anualmente a un proyecto que impulsase el catalán allá donde estuviera ?especialmente amenazado". El proyecto recibió el respaldo de todos los grupos parlamentarios, con la excepción del PP. La iniciativa, admitámoslo, es insólita y tiene algo de menesterosa, de limosnera, ya que cifra la esperanza del catalán en la aportación caritativa. De hecho, los impulsores de la ?tasa Fuster? pidieron a los medios de comunicación públicos, sobre todo a TV-3 y Canal 9, la producción de espacios como La marató, justamente para recaudar fondos. A mí, qué quieren que les diga, me parece una iniciativa poco imaginativa, incluso pobretona, basada en la misericordia de los hablantes, cuando el porvenir del catalán no depende de la caridad, sino del empleo que de la lengua hagan sus usuarios.
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Justo Serna
Publicado en El País, Comunidad Valenciana, 12 de junio de 2004
Ante las solemnidades de Normandía es probable que los más jóvenes se pregunten por qué conmemorar ese desembarco y, sobre todo, para qué celebrar una batalla tan sangrienta, tan feroz. Hemos de aceptar que a toda institución o país les asiste el derecho a evocar los sucesos capitales de un tiempo pasado, porque la narración que los ordena sirve para trazar analogías entre el presente y el ayer, entre nosotros mismos y nuestros antecesores. En el siglo XIX, la disciplina histórica contribuyó decisivamente a la edificación de los nuevos Estados-nación, esas entidades territoriales soberanas que aparecían en medio del ruido y la furia de las revoluciones. Nacionalizar a los campesinos, a los artesanos, a los hacendados, convertirlos en ciudadanos, exigía hacerles cómplices de un relato común, convencerles de las gestas de sus ascendientes, identificarse con ellos. Esa costumbre ha llegado hasta hoy, aunque, la verdad, algo han cambiado las cosas. En efecto, hasta hace bien poco, en las celebraciones políticas del pasado fue habitual el belicismo, la calentura guerrera; en las actuales, en las de Normandía por ejemplo, después de los horrores del siglo XX, las conmemoraciones suelen tener un carácter cívico, rememoran a todos los muertos y glorifican la libertad, la ciudadanía.
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Entre el lamento general y la falta de acción
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