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No tengo vergüenza de ser considerado un importante experto de marketing. No es un delito. He hecho muchos proyectos, no sólo de moda, siempre de marketing cultural, y puedo decir, aunque es un poco vulgar, que los proyectos de mi equipo generalmente tienen un gran éxito.

-- Luigi Settembrini

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  Opinión: Nuevo elogio del museo

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IVAMLevante-EMV, 13-2-2004
Carlos Marzal

Me confieso muy poco partidario del pesimismo verbal, esa corriente del pensamiento que nos recuerda cada dos por tres la miseria del lenguaje, la imposibilidad de la comunicación verdadera, el aislamiento absoluto del individuo que habla y escribe. Considero más bien que las lenguas Ðy más la nuestra, con el abrumador peso de su tradición literariaÐ constituyen un instrumento mágico para intentar entender el mundo y para tratar de que nos entiendan. Aunque a decir verdad, algunas interpretaciones de lo que opino y escribo me hacen poner en duda no sólo mis principios de optimismo lingüístico, sino también la capacidad de algunos para comprender el sentido literal de un texto redactado en el español común de principios del siglo XXI. Entiendo que cada cual es dueño de sus juicios y de sus errores Ðeso que algunos denominan la libre interpretaciónÐ, pero en ningún caso permite entender lo que se nos antoje, y mucho menos hacer responsables a los demás de lo que nunca han dicho. La barra libre del sentido es una cándida melopea propia de adolescentes.
Todo esto viene a cuento de la réplica que Domingo Mestre escribió el pasado día 4 de enero a mi artículo «Elogio del Museo», y que tituló «Refutación (del elogio) del Museo». Aunque soy defensor de la completa libertad para que cada uno haga el uso que considere de las múltiples sustancias intoxicantes que hay en el universo mundo, creo que no se debería leer la prensa bajo la influencia de los alucinógenos, porque nos arriesgamos a no entender nada, o, lo que sería más grave, a sufrir un síncope informativo. Quizá es el caso del polemista Mestre, porque afirma sentirse anonadado, perplejo e indignado. ¿No es mucho, por un sencillo artículo? Yo creía que esos calificativos se reservaban para las grandes catástrofes, para los sobresaltos cosmológicos, y no para un abstracto Ðcomo Mestre reconoceÐ elogio de los museos que en el mundo han sido, son y serán, a pesar de los pesares y para bien de la cultura. Pero vayamos por partes.

En el inicio del artículo, afirma Mestre que la función última de los museos «pese a sus otras muchas virtudes en potencia, es la mixtificación» (¿!) Hasta la fecha yo tenía entendido que la función última de los museos, en acto, era la de almacenar obras de arte, sobre las que se puede tener una opinión mejor o peor. Pero ¿mixtificar? ¿Mixtifican El Prado, el Hermitage, el Rijksmuseum, el MoMA? ¿Mixtifican en bloque, a bulto, o mixtifican en particular todas y cada una de las obras que se exponen en ellos? Supongo que lo que Mestre querría decir es que él entiende como un engaño, como una superchería y un fraude la existencia de los museos, o la política de determinados museos a los que nunca yo me referí. A ese respecto, Clint Eastwood, durante su etapa de filósofo ayudante en la universidad de UCLA, dejó dicho que las opiniones son como los culos: cada cual tiene la suya. A ese argumento de autoridad encomiendo tanto la opiniones de Mestre como las mías.

Después de explayarse acerca de los males que aquejan a los museos de la ciudad de Valencia (que yo no nombré y a cuya política no me referí), me acusa Mestre de confundir y desvirtuar la función concreta del museo. ¿Se referirá a la mixtificación? Lo cierto es que en su pataleta contra la actividad museística valenciana no nos queda claro en qué debe consistir dicha actividad, salvo en el derecho a la pataleta. Como creo en el valor terapéutico de la palabra, me parecen bien los desahogos sentimentales de los ciudadanos, y no seré yo quien les prive de ese derecho.

En la calentura de su réplica, llega a decir Mestre, nada más y nada menos, que niego la conciencia crítica, que realizo una encubierta apología de la autocensura, y que hago aparecer como vulgares calumniadores o chismosos a quienes han osado abrir la boca, porque constato el hecho paradójico de que sean los artistas que trabajan para los museos quienes hablen mal de ellos; como los médicos, de la sanidad; los profesores, de la enseñanza; y los escritores, de las editoriales. En la cultura de la queja Ðeso lo digo ahoraÐ hay, como en casi todos los lugares, verdades como puños y sandeces, críticas atinadas y boberías, porque la crítica, por sí misma, no significa nada. La brillantez y el acierto se demuestran en marcha y no por el hecho de levantar la voz. Hace ya tiempo que el energumenismo no constituye argumento ninguno. Dios sabrá cuál es la llaga que tanto aflige al polemista Mestre, pero constato también que su artículo lleva una nota a pie de página en el que se reconoce miembro de la United Artists from the Museum (¿!) ¿From? Yo tenía entendido que los francotiradores y los lobos solitarios, las voces que claman en el desierto, no se asociaban, no constituían grupos de poder Ðaunque sea un poder de mesa camillaÐ para lamentarse del uso que el poder hace de su fuerza, y para decirnos cómo emplearían ellos la fuerza del poder al que aspiran. En cualquier caso, recomiendo a los artistas asociados bajo esas siglas que revisen su inglés, ya que les resultaría mucho más apropiado denominarse United Artists againts the Museum, digo yo.

Para rematar el berrinche, me acusa Mestre de hacer demagogia a sabiendas, me hace responsable de un modelo de urbanización social bastante parecido al que Orwell diseñara en su novela 1984 (sic), y me juzga un individuo falto de ética por no ejercer la función crítica hacia el modelo literario o sanitario en vigor.

En primer lugar, ¿cómo sabe el artista unido Domingo Mestre lo que hago con o sin conciencia? ¿Es además vidente unido? Lo que yo estaba utilizando a conciencia era una figura retórica elemental llamada ironía, mediante la que se pretende decir lo contrario de lo que parece afirmarse. Lo que algunos artistas plásticos encuentran demagógico, sin serlo, es que se les acuse de arremeter al por mayor contra los museos, mientras suelen estar encantados de que las galerías y el mercado favorezcan la actividad mercantil destinada a unos pocos. Eso dije yo. Por supuesto que un museo es muchas más cosas que su sacralidad ambiental, pero yo no me referí a esas muchas cosas, así que ¿a cuento de qué viene adjudicarme las cantinelas propias? Por la misma regla de tres: por qué el polemista Mestre no ha mencionado en su artículo el hambre en el mundo, la enfermedad, la gripe avícola o el horizonte marciano? ¿Se deberá tan sólo a que su artículo no trataba de eso? A la vista de su irritable puntillismo y de su herida susceptibilidad no parece merecer nuestra duda.

Para seguir, resulta de un hippysmo candoroso la observación bobalicona de que el orden de los museos se consigue mediante orwellianas cámaras de vigilancia e infernales guardias jurado, un modelo en absoluto deseable como fórmula general de convivencia. ¿Se debe deducir de ese aserto propio de los años del flower power que los museos deberían prescindir de la vigilancia, para que los ciudadanos pudiesen realizar cada cual su performance particular llevándose a casa Las Meninas? ¿Vive nuestro libertario unido en una casa sin puertas ni cerrojos? ¿Denuncia los robos a la policía, esa institución generadora de modelos en absoluto deseables como fórmula general de convivencia?

Y para terminar, no seré yo quien señale a los demás cuál debería ser su obligación cívica de primer orden, ni quien acuse a nadie de falta de ética. Para palabrerías grandilocuentes y lecciones morales ya tenemos a los políticos, de manera que no necesitamos a los artistas plásticos metidos a sacristanes. O peor, a políticos de sacristía, es decir, a curas con intención de catequizarnos.

Además, qué le vamos a hacer, me gustan los museos, agradezco que existan y que en ellos se conserve la memoria de mi especie y parte de lo que me hace sentir más amor hacia la vida. Eso es lo que trataba de explicar, aunque Domingo Mestre no lo va a entender.

Nota: Refutación (del elogio) del museo (Domingo Mestre)
Elogio del museo (Carlos Marzal)

Viernes, 13 Febrero, 2004   Enviar esta historia a un amigo  Versión imprimible  

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Comentarios

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Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 13 feb, 2004

Entendemos bien lo ignorante y tonto que eres, palanganero de CCC y chismoso mayor del reino...

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 13 feb, 2004
Yo no soy partidario del pesimismo, pero la realidad que me toca, que me rompe no me invita a vivir dentro de tus alegrías, dentro de los locos presupuestos y derroches varios... Ya sabemos que CCC se prodiga generosamente en todos los eventos, que vive obsesionada por ser retradada al lado de... no sé si tiene miedo a ser olvidada o vive olvidada dentro de un cuerpo que nunca le ha pertenecido, un cuerpo prestado y apuntalado a base del dinero público y de las obras de arte obtenidas de forma fraudulenta...

Yo me impregno de pesimismo, de hondo pesimismo cuando compruebo que hay personajes tan cutres como Marzal que no pueden entender nada de lo que otros vivimos y sentimos tan intensa y rotundamente...

Marzal: no aprendes ni entiendes ni sabes ni vives ni respiras igual que el resto de los mortales... eres tan divino que no necesitas de nuestros elogios ni de nuestras alabanzas para seguir existiendo eternamente...

Besitos desde La Ceramo de Benicalap
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 13 feb, 2004
Macho creo que el que no entiende nada de nada, usted está meando en un tiesto demasiado pequeño y le está salpicando los camales del pantalón. Tiene usted un tufo de evangelizador que no se aguanta.
El problema que nos atañe es precisamente que hay quien está discutiendo de modelos, de mejoras de infraestructuras, de crisis y polémicas abiertas en perfecta discusión y usted nos aparece con una retaila de sandeces, lugares comunes de la demagogia cultural y la falta de sentido crítico, salteada de gracietas fascistoides propias de arengas seminaristas.

Pero este es el mal endémico de la cultureta valensiana, un montón de mediocres articulistas con escasa formación intelectual y con una falta de rigor absoluta que hablan lo mismo de cocina tradicional que de políticas culturales.

Léase Crónica de una seducción de Joseba Zulaika para hacerse una composición de contexto de los modelos en discusión, aquí en la ciudad.

O si quisiera profundizar en el tema le recomendaría:
Museum Politics , Power Plays at the Exhibition, de Timothy W Luke
Hall of Mirrors de Robyn Gilliam
The changing museum audience: are we ready?, Adams, G. Donald
Towards the Virtual Museum: crisis and change for millenium 3. George MacDonald and Stephen Alsford
Museum-Related Education in Quebec: An Historical Survey, Jean-Marc Blais
Destination Culture, Tourism, Museums & Heritage, Barbara Kirshenblatt-Gimblett
The Museum in Transition, Hilde S. Hein
Museums, Society, Inequality editado por Richard Sandell
The Promise of Cultural Institutions, de David Carr
o tantos otros

Pero lea usted más cosas, nunca viene mal, así se ganará lo que le pagan por sus o pamfletos de iglesia dominical.

Qué tal si empieza por Foucault, Deleuze, Bordieu y Baudrillard. O si lo prefiere busque en autores en lengua castellana como Néstor García Canclini o George Yúdice.

Sobre la crisis del Museo como institución y modelo se ha escrito suficiente como para que usted no nos venga con estas historias de élite e individualismo recalcitrante. La mayoría de lo escrito y argumentado no proviene de artistas como usted se refiere.

En definitiva es usted un cursi y un paleto. Váyase al limbo de los mierdas, ya estoy harto de tanta sandez.
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 13 feb, 2004
Este Mazal no sé como entenderlo. Pasa de un optimismo bastante sospechoso en estos tiempos a un mirar por encima del hombro muy molesto. No debe de ser de este mundo, dicen que los poetas no lo son pero este tipo , no sé se me antoja muy sospechoso. Debe ser eso de pasar de cursi recitador en las conferencias del Instituto Cervantes (que todo el mundo sabe de dónde hay que ser) a humilde profesor (muy digno) en Puerto de Sagunto, pasando por el ABC (que no por la vicaría).
No entiendo nada de lo que dice, debe d vivir muy despistado de cuanto acontece en la vida quel real, ¿qué tipo de museos visitará este tipo). Aquel 'viaje de sí mismo' lo dejó fatal, no se encontró el pobre.
Es esta su 'teoría de los sentimientos en la españa de hoy', joder con el tipo lo suyo ya no es solo la poesia a contratiempo, es el contratiempo en estado puro. Que poca humildad y que orma de picarse con el bueno de Mestre, que en realidad lo ví muy comedido en su crítica. Y es que a estos que viven en el mismísimo limbo habría que dejarlos que lo disfruten ser menos sutiles a la hora de cargar contra sus cursiladas y su superficial poesa barata.
Cree este chico (pomesa viva de la joven poesia castellana) que su Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Poesía le da alas para mear en tiestos ajenos, y claro así le va al pobre, que no entiende nada, pero claro es que sabe poco.

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 13 feb, 2004
Es que no entendeis a los poetas, a este en especial, son individualistas, aislados, elitistas, egoistas.
Esto opinaba recientemene al recibir el premio loewe de poesia:
¿Poesía para todos los públicos o un público para la poesía?
Cada vez más, entiendo la poesía como un género que se alude a sí mismo, a su tradición, a su propio lenguaje, que se piensa a sí mismo, y que, misteriosamente, nombra también la existencia, la parte no verbal del mundo. La poesía no necesita presupuestos, ni intenciones, ni poéticas. Está ahí, para todos y para nadie, para el que la merezca.

Un ciclo de poesía en cinco lenguas y has sido el elegido para representar al castellano.
Desde el punto de vista filológico, prefiero el término español al de castellano. Yo pertenezco a una tradición única que se expresa en dos lenguas, el catalán y el español. Soy hispanohablante por cuna y educación. El catalán es para mí una lengua aprendida, digamos, no tropezada. Se escribe en una determinada lengua por destino, por fatalidad, porque las lenguas constituyen una forma de sentir el mundo distinta a las restantes, aunque a fin de cuentas todas las lenguas se hermanan en su extremo, que pretende decir al hombre.

¿Se puede enseñar la poesía?
Creo que la poesía se enseña a quien ya la ha aprendido en algún grado. Gustamos a quienes han decidido querernos. Nos encuentra quien ya nos andaba buscando.
¿Se considera un poeta de la experiencia?
No hay ningún poeta que no sea de la experiencia en mayor o menor medida. La experiencia lo es todo: el lenguaje y los sueños, la biografía y la cultura, la ficción y el mundo exterior. No hay más que lo real y las palabras que lo nombran. Claro que soy un poeta de la experiencia.



Cómo le molestais entonces con temas tan mundanos y cotidianos, como sociedad, politica.
El arte por el arte, no sabes de qué va?
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 14 feb, 2004
Yo vivo lo que escribo y no me parezco en nada a ese tipejo de Marzal... que parece una estatua ya... tiene demasiados complejos y carece de la autenticidad necesaria para vivir, por eso necesita jutificarse constantemente, pues no creo en lo que dice... y lo peor de todo: no vive lo que dice, no siente nada ni hay nada dentro de sus palabras, de sus expresiones gastadas...

Marzal es un cautivo del mito creado por una persona incapaz de que sus palabras tomen vida propia.

Sus versos y sus declaraciones dicen mucho: no es un hombre libre y sus palabras viven encadenadas a su propia miseria; es incapaz de respirar y de andar por cuenta propia.

Todo un esclavo de sus noches eternas y huidizas...

Nota: algunos poetas y escribidores necesitamos el compromiso, pues no vivimos dentro de una urna; pagamos impuestos, sufrimos los acosos y las estulticias de la clase politica, de un empresariado amoral, de unas estructuras sociales descompuestas... Yo no puedo dejar de mirar a mi alrededor, pues mi entorno soy yo también...

El arte por el arte es el arte fascista, es el arte de los idiotas que viven lejos de su propia piel...

Marzal: ponte a picar piedra y deja de masturbarte en público.

AMS
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 15 feb, 2004
Qué te pasa, Carlitos. Has perdido completamente los papeles y parece que aún no te hayas dado cuenta.
¿Te molesta que te lean el subtexto de las tonterías que escribes? Pues ves acostumbrándote, majo, porque los tiempos felices se te acaban.
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 17 feb, 2004

Marzal, la ignorància i el desconeixement són com sempre agosarats, i fomenten la demagògia a la que malauradament ja estem acostumats. Estem tan acostumats que em creat un cert grau de tolerància en vers d?opinions mancades de fonament, al més pur estil ?Crónicas Marcianas?. Més sovint del que caldria, estem disposats a un debat sobre el qual només tenim com arguments frases fetes i prejudicis per aniquilar qualsevol proposta que pugui deixar en evidència la nostra ignorància.

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 17 feb, 2004

Marzal, el niño mimado que vive dentro de una burbuja de total pureza es un simple eyaculador precoz...

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 18 feb, 2004

Creo que el trabajo que Mestre está haciendo con estos artículos es muy digno e importante. Por eso todavía me indigna más la falta de dignidad de este cernícalo mamoncete que chupa de todas las tetas que se le ofrecen. Tanto rollo con la experiencia y al primer revés se le va a la mierda toda la mascarada. País.

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 18 feb, 2004

joder tío como te picas, el caso es que el artículo que escribiste era de lo más superficial y es normal que te pongan las peras a cuarto. Lo que no entiendo es que no aportes ningún tipo de razones cuando tienes la oportunidad y fundamentes tu defensa en un ataque personal. Esto evidencia la fragilidad de tu argumentación primera. Está claro que Mestre está bastante más versado sobre la temática, vengo sigiendo sus artículos en el levante y aquí en estas páginas y mira, te doy un consejo, no te metas donde no te llaman, estas en tu derecho pero luego no te quejes. He visto ya estos pulsos y se de lo que hablo.

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 18 feb, 2004
A mí su primer artículo ya me molestó un poco pero como habían cosas que me hacían gracia no le di más importancia.

Después, cuando leí lo de la refutación se me aclaró bastante el porqué del mal rollo que me dejaba, pero todavía me caía bien el tipo porque a pesar de la superficialidad y la mala leche el artículo tenía su gracia y eso de reivindicar los museos pa? follar me sonaba muy bien.

Pero ahora... al ver esta respuesta tan histérica y tan creída... con este ?nivelazo? intelectual es que se me revuelven las tripas. Creo que cuando me tropiece con él, que lo veo a menudo, le voy a vomitar todo mi asco en su puta cara. Así tendrá alguna nueva experiencia pa contar en sus memorias (y una razón más para enterrarse vivo en su Mausoleo).
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 19 feb, 2004
Tienes razon, el muy capullo se ha puesto mucho mas en ridiculo con esta respuesta tan desproporcionadamente agresiva y falta de autocrítica que con las comedidas criticas de Domingo mestre.

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 19 feb, 2004

Lo peor es que la poesía es substancialmente una cuestión de fe y cuando la credibilidad personal empieza a flaquear las palabras dificilmente se sostienen por si solas. donde no habita la humildad, las ansias de grandeza se apoderan del sujeto y lo corrompen. la gilipollez habita, siempre, en los margenes de lo sublime y cuando el poeta se enrabieta y pierde los papeles también sus palabras se quedan un poco a la intemperie.

[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 20 feb, 2004
REFUTACIÓN DEL ELOGIO (DEL MUSEO)
Domingo Mestre*

?Hoy que opinamos e incluso dogmatizamos de todo sin saber apenas nada, todos estamos de acuerdo en algo: que el museo es impotente y que, si algo crea, es confusión, indiferencia o rechazo por la cultura. Incluso la palabra ?museo? connota un significado hostil, una vivencia apriorística del aburrimiento y cansancio que a sus puertas nos espera. Es monolítico, cerrado a todo aire renovador, denso y, aún más, negador de la libertad: el control policíaco a la entrada, la obligatoriedad del circuito, la imposición de unas fronteras establecidas para la visión de la obra... nos hacen asumir el gesto enfadado de Valéry cuando a la entrada del Louvre le acecha el conserje para despojarle de su bastón.?

Con estas palabras introduce Aurora León su ensayo ?El museo. Teoría, praxis y utopía?. A pesar de las apariencias, este ramillete de ?críticas? no supone ninguna descalificación o ataque hacia esta institución, dado que se trata de la imprescindible contextualización previa del objeto de su estudio. A partir de ella se compilan, en este caso amena y asequiblemente, algunos conceptos básicos de la ciencia museológica; motivo éste por el que recomiendo su lectura a todos aquellos que, sintiéndose profanos, estén interesados en el tema. Una encomienda que está especialmente dedicada a Carlos Marzal quien parece andar un poco perdido (además de enfadado) en su ?Nuevo elogio del museo?. Y si digo esto, que lo veo perdido (además de enfadado), es porque en éste, su segundo texto sobre el tema, no es que no haya ningún elogio sobre el museo, es que dedica la mayor parte de su extenso escrito a intentar descalificarme o ridiculizarme desde la fortificada atalaya de su soberbia ?torre de marfil?. Y, para ello, no duda en desentenderse tanto del contenido de mis críticas como de lo que verdaderamente representa esta institución. De lo más significativa, en este sentido, me parece su coletilla final ?Eso es lo que trataba de explicar, aunque Domingo Mestre no lo va a entender? a partir de la cual cabe deducir, sin temor a equivocarse demasiado, que o bien asume su incompetencia para explicarse adecuadamente, cosa que dudo mucho, o bien se le ha escapado un ramalazo de divinismo recalcitrante que, éste sí, deja bien claro el por qué es incapaz de digerir que alguien se haya atrevido a rebatir, aunque sea educadamente, alguna de sus ?geniales? manifestaciones.

Por otra parte, reconozco que la ferocidad de su arrebato descalificatorio ha estado a punto no sólo de volver a dejarme anonadado sino incluso desorientado y patidifuso. Pero a pesar de todo no ha sido así y, como lo último que yo buscaba era agraviarle, me he propuesto desentenderme del señuelo que tan tentadoramente se me ofrece (al fin y al cabo no ofende quien quiere, sino quien puede) para seguir atendiendo tan sólo al tema del museo. Algo que continuaré haciendo a partir del análisis razonado tanto de su texto como del contexto y de los subtextos que, lo quiera Marzal o no, generan sus pretendidos ?elogios?.

Así pues, como apuntaba en mi primer escrito, sostengo ?como tantísimos otros artistas y especialistas? que la función última de los museos es la mixtificación; y ello sin perjuicio de sus muchas otras virtudes (cuando éstas en verdad existan) y de que su primera función, en el caso de que sean de titularidad pública, sea la conservación y adecuada exhibición de nuestra memoria colectiva. Una tarea bastante más compleja y delicada que el simple ?almacenamiento de obras de arte? que sugiere Marzal. Y si esto es válido para todos los museos (incluidos el Museo Fallero o el de la FIFA), puesto que todo aquello que la máquina museística selecciona es sobrecodificado con un suplemento de ?valor? que previamente no existía, más lo es aún cuando hablamos del museo de arte contemporáneo ?y deduzco que a él es al que se refiere Marzal puesto que es a esta institución a la que los artistas critican cuando imaginan otros destinos diferentes para sus producciones artísticas?. Por tanto, mi contestación a la pregunta de si mixtifican El Prado, el Hermitage, el Rijksmuseum o el MOMA es que, efectivamente, mixtifican; y no lo hacen ?en bloque? ni ?a bulto?, como tan superficialmente sugiere Marzal, sino de muy diferentes formas y mediante sofisticados procedimientos de especulación y de puesta en valor de unas obras sobre las otras. Un complicado proceso, sobre el que no voy a extenderme aquí, dado que existe mucha bibliografía al respecto (a quienes interese les recomiendo empezar por Pierre Bordieu ?La distinción? o ?Las reglas del arte? y seguir con Joseba Zulaika ?Crónica de una seducción?), mediante el que se va construyendo no sólo el ?gusto? de la época sino, también, todo un entramado comercial de considerables proporciones; argumento este último por el que me parece increíble que alguien pueda dudar todavía de su existencia.

Antes de seguir, me permito un breve inciso para recordar una obviedad: que escribir un artículo en un periódico tiene consecuencias performativas muy diferentes a las de meter un poema dentro de un libro. Y que en los escritos de opinión tan importante es lo que se dice como lo que se calla. Por eso mismo, creo que resulta cuando menos ingenuo escribir de forma genérica de la relación de los artistas con el museo sin considerar, primero, cuales son las características específicas del entorno desde el que se realiza el enunciado; a no ser, claro, que a quien lo hace le importe un pimiento agredir con sus palabras ?o con sus silencios? a quienes cada día están bregando para intentar mejorar, en la medida de lo posible, la situación del supuesto objeto de su elogio.

En nuestro caso en concreto, en el que la política museística de la Generalitat está liquidando por las bravas la mayor parte de los contenidos de unos museos públicos que hasta hace bien poco brillaban por ellos, me parece que escribir un abstracto elogio del museo como continente, en un diario de ámbito provincial como éste y sin hacer ninguna referencia clarificadora hacia el contexto local al que se dirige ni hacia los contenidos del mismo, construye un subtexto ideológico que, sin duda, está contribuyendo a legitimar socialmente este tipo de actuaciones públicas. Y si, además, en el mismo texto se cuestiona trivialmente a quienes lo critican con conocimiento de causa al tiempo que se administran dudosas lecciones de ?ética bien entendida? desde una posición absolutamente acrítica hacia la ideología hegemónica pues... la verdad es que no sé de qué se queja; porque aunque él no sea el responsable de dicha política ?faltaría más? lo que cabe preguntarse es: ¿dónde está la gracia (o el pretendido elogio) de engarzar todos estos disparates con un puñado de tópicos para reivindicar una visión del museo desde la que no se percibe más que la cáscara?

*United artists from the Museum
[ Respuesta ]

Re: Nuevo elogio del museo
por Anonymous
en 22 feb, 2004
La verdad, Sr. Marzal, es que hay que ser un poco papanatas para intentar remedar el discurso de "La cultura de la queja" sin contextualizarlo -que es lo primero que Robert Hughes hace en su libro- y sin citar de dónde se toman "prestadas" las ideas.

En mi segunda refutación se me olvidó explicarle que el equlibrio de fuerzas de nuestra "realidad local" no tiene absolutamente nada que ver con el de la "realidad norteamericana", que es la que Hughes critica, fundamentalmente, en sus conferencias. Por si aún no se ha enterado, le informo de que aquí todo está mangoneado por los mismos y por mucho que nos quejemos continuamente los de abajo, que mire que nos quejamos, nadie nos hace nunca ni puñetero caso. De ahí que su impertinente discursito además de pelín desinformado y plagiario -o se dice intertextualizado- se perciba, sobre todo, como reaccionario.

Un besito
United artists "against" the Marzal

Sobre los términos generales de su grosera contestación prefiero no pronunciarme tampoco aquí, ya que otros lo han hecho mucho mejor de lo que yo lo haría, pero sí que le sugiero que, si piensa continuar dándome "lecciones" de inglés, aprenda primero a escribirlo correctamente.
[ Respuesta ]

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